Quien quiere cambiar las cosas, busca la manera. Quien no, busca la excusa.
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19.4.12

Hoy

Hoy.
Sería un buen día para hacer correr la sangre muñeca abajo.
o dejarse flotar por un cañón.
O de sólo respirar mar, como tantas veces he intentado.
Sería un gran día para dar una fiesta.
Una reunión íntima.
Redactar un par de cartas y un poema.
Un gran día para correr con ella por última vez
(y recordarle que siempre será libre).
Hoy podría volar a las fronteras del universo
y fusionarme con un sol recién nacido.

Hoy es un gran día.
Un día tan maravilloso
que es buen día para ser el último.


Declaración.

Declaro la guerra a las camisas de rayas.
Declaro la guerra a la tabla de cortar y a la zona azul;
Todas ellas desaparecerán sin remedio.

Declaro la guerra a toda forma de pago por visión,
declaro la libertad de las visiones,
y prohibo la imagen corporativa en mis dominios.

El verso es un derecho universal,
y tendrá garante allá donde llegue polvo de luna, mala hierba,
o las alitas secas de algún difundo insecto.
El verso es libre (aunque puede rimar si es que procede)
para ser leído, escrito, o recitado.
En cualquier momento.
Y en cualquier lugar.

Y declaro la guerra al sueño,
tendremos batalla cada vez que pretenda separarnos.

Y te declaro la guerra a tí, sí, a tí.
No habrá miradas sin réplica.
Los abrazos serán devueltos con firmeza.
Y permitiré tus aproximaciones furtivas,
con el único objetivo de atraparte entre mis labios,
dejarte desnuda y desarmada, y que así te entregues.
Invadiré tu piel, ganaré cada centímetro beso a beso.
No tendrás opciones de escaparte.
Será entonces que ya no importará si era la guerra, o mil batallas,
o caminar sobre atolones mientras sube la marea.

Importará la paz roja sellada en las mejillas.
Armisticio.
Los dedos lánguidos tropezando en las trincheras, las pupilas dilatadas.
Armisticio.
Aliento humeante, humedad alentadora.
Armisticio.
¡Qué se pare el corazón de todas las batallas! ¡Qué se pare el tiempo!
Y que la guerra siga en voz muy baja,
para rendirnos en silencio hasta la próxima proclama.






17.4.12

El fin del mundo.

Tengo ganas de hablar contigo,
de ver esa serie, de cruzarnos sin querer.
Siempre casi conocerte.

Sin duda, de volar, y encontrarte en el fin del mundo
un instante antes,
un milisegundo,
una vuelta de electrón antes del ocaso,
y explotar en pañuelos verdes, blancos y amarillos, como una paloma.
¡Desaparecer contigo!
Silencio.

Y nacer de nuevo en un pecho en obras
y escarbar tenaz hasta el latido del océano,
Así buscarnos será más divertido,
tú, cogiendo conchas para los anémicos de mar, y arena fina,
con la que dibujes tu fugaz estela.
Yo siguiendo peces gato, un pie dentro y un pie fuera.
Como anémonas errantes, flotar, y traspasar de nuevo la frontera,
Quebrantar la ley de la vigilia, y la del muerto,
y las guirnaldas azules de papel prensado.
Y morir, si hace falta, cuantas veces sean necesarias,
porque ambos sabemos que el verdadero fin del mundo no ha llegado.
Qué el fin del mundo no ha llegado.